Las farmacias de todo el país suspendieron a partir del 16 de
Junio, y por tiempo indeterminado, la atención a los afiliados al PAMI, por la
ruptura de la cadena de pagos.
La
Confederación Farmacéutica Argentina anunció que las farmacias prestadoras del
convenio PAMI en todo el país suspenderán el servicio farmacéutico por tiempo
indeterminado a los afiliados debido a la ruptura de la cadena de pagos,
producto del atraso en los cobros de las prestaciones que se remonta, en
algunos casos, al mes de febrero.
Las
farmacias se ven imposibilitadas de hacer frente a los compromisos con sus
proveedores y ya no tienen capacidad de aprovisionamiento de medicamentos dada
la magnitud de la deuda acumulada en el convenio PAMI, que lejos de reducirse
se acrecienta cada día.
Regazzoni admitió que el Pami “no puede asumir aumentos” en
remedios. El titular del organismo lo manifestó tras la decisión la
Confederación Farmacéutica de suspender el servicio a los afiliados de la obra
social por el atraso en pagos. El martes habrá una reunión para destrabar el
conflicto.
"El
PAMI no puede asumir los aumentos que han venido impactando desde el año pasado
hasta ahora y la verdad es que son imposibles. No se puede trasladar eso a la
obra social. No se puede entender que el dinero de los jubilados pague aumentos
que nosotros no podemos convalidar", manifestó Regazzoni.
El funcionario explicó además que "el convenio el PAMI lo tiene con los laboratorios, y son los laboratorios los que pagan a las farmacias". Precisó que el organismo les pagó la semana pasada "930 millones de pesos" y que el pago del mes se completará "la semana que viene".
"Estamos trabajando con los laboratorios para que todos comprendan que tenemos que poner el hombro para que no le falten los remedios a nuestros mayores", agregó, y detalló: "No podemos pagar las facturas. El año pasado el PAMI pagaba 1.600 millones de pesos por mes, este año recibimos facturas de 2.600 millones de pesos por mes".
El funcionario explicó además que "el convenio el PAMI lo tiene con los laboratorios, y son los laboratorios los que pagan a las farmacias". Precisó que el organismo les pagó la semana pasada "930 millones de pesos" y que el pago del mes se completará "la semana que viene".
"Estamos trabajando con los laboratorios para que todos comprendan que tenemos que poner el hombro para que no le falten los remedios a nuestros mayores", agregó, y detalló: "No podemos pagar las facturas. El año pasado el PAMI pagaba 1.600 millones de pesos por mes, este año recibimos facturas de 2.600 millones de pesos por mes".
Pero esto se produce produce en un contexto..... NADIA HACE NADA EN
ESTE GOBIERNO NI el Ministerio de Salud NI la Secretaría de
Comercio denunciando los sobreprecios y alertando sobre el riesgo de
desabastecimiento
LA tensión por los precios expresa la confrontación del concepto de
Salud como derecho o como mercancía. Son dos modelos antagónicos.
Para los laboratorios los
medicamentos son una mercancía a la que buscan extraerle la máxima ganancia en
la venta al público, y con las compras del sector público pretenden ampliarla
aún más puesto que el Estado es el principal cliente.
El
presupuesto familiar destina gran parte de sus recursos a bienes
imprescindibles. Se trata de productos que no se pueden sustituir sin afectar
la calidad de vida, o hasta la propia subsistencia. El análisis de esos
mercados, así como también la intervención de políticas estatales en su
(des)regulación, resulta fundamental.
. Además
de los alimentos, los medicamentos también integran la canasta de bienes
básicos de los hogares. Este sector también requiere de políticas públicas
consistentes para cuidar el presupuesto de los más vulnerables. en la
elaboración de productos medicinales los intereses involucrados son tan o más
millonarios que los del negocio, el mercado librado a su fuerza concentradora
del capital provoca profundas alteraciones sociales consolidando una matriz
distributiva inequitativa. Por ese motivo, en el caso específico de los medicamentos, su consideración como un bien social
y no como uno mercantil es una aproximación inicial para involucrar una
política pública de salud y que, a la vez, sirva para mejorar el reparto de la
riqueza.
Por
ejemplo en el año 2014 El Ministerio de Salud invirtió en medicamentos
aproximadamente el 25 por ciento de su presupuesto anual: casi 4000 millones de
pesos. De ese monto, 2500 millones fueron destinados para la distribución a
través de programas del Ministerio (por ejemplo, provisión gratuita de
medicamentos esenciales, el Remediar y otros destinados a diversas enfermedades
como el HIV y oncológicas). Dentro de estas compras el 95 por ciento fueron
concretadas a laboratorios privados, de los cuales 74 por ciento son nacionales
y el 26 por ciento restante extranjeros. Con el programa Remediar se cubrieron
38 millones tratamientos para diferentes patologías por año con un gasto de
unos 450 millones de pesos, y 1000 millones de pesos fueron asignados para la
provisión de medicamentos del programa Federal Incluir Salud. Además el Estado
financió a través del PAMI prestaciones farmacéuticas por 15.821 millones de
pesos en el último año.
Desde el
2003, la industria farmacéutica argentina ha crecido en forma sostenida
alcanzando ventas de 35 mil millones de pesos en 2014, según un informe
elaborado en el Ministerio de Economía. Durante los últimos doce años los
laboratorios nacionales lograron describir un salto cualitativo y cuantitativo
en su nivel de competitividad generando un aumento de casi 400 por ciento de
sus exportaciones y una mayor participación en el mercado local. El sector
farmacéutico ha sido uno de los más beneficiados por los créditos oficiales a
tasa subsidiada denominado Bicentenario. A través de esta línea, entre 2010 y
2013 la industria obtuvo préstamos por 1043 millones de pesos. Además han
recibido beneficios impositivos y subsidios.
En el campo de la
salud, el acceso a los medicamentos es uno de los temas más críticos y por ese
motivo la intervención estatal es un constante desafío para garantizar el abastecimiento
por precio y calidad.
El
mercado de los medicamentos demanda un abordaje particular para entenderlo
desde la mirada de la economía. El de medicamentos es difícil de comparar con
otros mercados. Se trata de una actividad diferente por varios factores:
- La
cantidad de actores involucrados desde la producción hasta el consumo.
- El
elevado ritmo de innovación de la industria que se asemeja a la del sector
informático.
- La
variedad y comercialización que se parece a la industria de alimentos.
- La
suma de intermediarios y de fuentes de financiación pública y privada.
- El
volumen de facturación –poder y lobby– equivalente a la industria bélica.
Esta
complejidad se desarrolla en un mercado de “competencia imperfecta”, que significa
que no existe un equilibrio óptimo de asignación de recursos y maximización del
bienestar como publicitan los portavoces de la ortodoxia, y que, en realidad,
en muy pocos existe.
Una
descripción tradicional de este particular mercado es que, en general, quien
consume (el paciente) no elige, quien elige (el médico) no paga y quien paga
(parcialmente) es un tercero (obra social, prepaga, Estado). Como consecuencia
de ello existen intereses contrapuestos ya que:
- Quien
paga tendrá como objetivo minimizar sus costos (por ejemplo, la asfixia
financiera puede derivar en la compra de medicamentos falsos).
- Quien
consume querrá lo mejor para sí sin tener a su alcance el conocimiento acerca
de la calidad, seguridad, eficacia, valor monetario y propiedades específicas
de los medicamentos que va a adquirir.
- Quien
decide se ve influenciado por la oferta (laboratorios) que, además de tener
características concentradas, tratará de inducir a un mayor consumo.
En este
difícil esquema, el Estado debe asumir una tarea fundamental de regulación, con
todo lo que eso significa en desafío político ante un poder económico nacional
y extranjero de envergadura. Los laboratorios, por la propia naturaleza del
producto y del proceso de innovación, van construyendo condiciones monopólicas
en búsqueda de continuas rentas diferenciales. La asimetría de la información,
la heterogeneidad de los productos y la relativa escasez de vendedores reducen
el grado de competencia efectiva del mercado de medicamentos. Las inversiones
iniciales en Investigación & Desarrollo –así como las destinadas a
marketing y propaganda– implican que necesariamente los costos promedios de
producción sólo se reducen cuando se haya producido y vendido grandes
cantidades de ese medicamento.
En el mercado de medicamentos existen
monopolios pese a la importante fragmentación en su distribución del negocio.
Existe un número considerable de jugadores, pero cada uno de ellos ejerce una
posición dominante a través del elevado grado de concentración de la oferta a
nivel de grupos terapéuticos (medicamento para determinada enfermedad).
En una
ilustrativa investigación realizada por el ex ministro de Salud Ginés González
García, cuando coordinaba la Fundación Isalud en la década pasada, se explica
que “la fragmentación global es ficticia pues dejaron de existir los remedios
universales. Los medicamentos actuales tienen gran selectividad, por lo que los
monopolios u oligopolios existen por grupo terapéutico”. En ese estudio se
señala que “la fuerte concentración por grupos terapéuticos constituye el
verdadero mercado, y tomadas por enfermedades y su tratamiento específico
existen muy pocas empresas competidoras”. Concluye que “es común que un solo
laboratorio posea más de la mitad de ese mercado específico”. Según un informe
del investigador Federico Tobar, incluido en una producción periodística publicada
en el suplemento económico Cash de este diario (26 de julio de 2009), el 47,1
por ciento de las drogas que se venden en el mercado tienen un único oferente y
el 88 por ciento tiene menos de seis, lo que facilita la cartelización.
En esa
estructura de mercado, los precios de los medicamentos han registrado un
sostenido crecimiento. Este comportamiento tiene una raíz estructural, que se
reconoce en que el gasto en medicamentos tiende a crecer en términos absolutos
en la mayoría de los países. A la vez, en una estrategia de los laboratorios
que introducen permanentemente nuevos productos, que en general son colocados a
precios superiores a los que se encuentran en el mercado. Ese aumento en los
precios también se origina en la debilidad en el control del Estado. La
intervención del sector público en esa materia requiere de voluntad política.
En forma inmediata y sencilla, sin necesidad de estudiar la cadena de formación
de precios –tarea que igualmente debería concretarse–, Tobar propone la fijación
de precios máximos de venta a partir de una comparación con los valores de
otros países, como hacen en Colombia, Brasil y Europa. De esa forma quedaría en
evidencia que en Argentina se paga más por los mismos medicamentos en relación
con otros países de la región.
A fines
de Mayo los propios legisladores de Cambiemos manifestaron
“Nada
puede justificar aumentos que están largamente por encima del promedio de toda
la economía, excepto el aprovechamiento de una estructura concentrada que
maneja a su gusto toda la cadena productiva y comercial”. El diagnóstico para
el alza en los precios de los medicamentos no provine de una intervención
televisiva de un ex ministro kirchnerista ni fue realizada por un economista
heterodoxo. La explicación para aumentos de entre 30 y 50 por ciento en lo que
va del año fue realizada por diputados del bloque de Cambiemos. Los
legisladores no solo reconocieron la aceleración inflacionaria registrada desde
que asumió Mauricio Macri sino que dejaron de lado sus históricas argumentaciones
sobre las causas de los aumentos de precios: la emisión descontrolada, el gasto
público o el exceso de demanda. En cambio, presentaron una denuncia contra los
laboratorios por prácticas abusivas ante la Comisión Nacional de Defensa de la
Competencia.
“Los
diputados del interbloque Cambiemos denuncian ante la Comisión de Defensa de la
Competencia a los laboratorios por el escandaloso aumento de precios de los
medicamentos durante el período noviembre-mayo”, reza el comunicado donde
advierten que el aumento promedio llegó al 36,5 por ciento. De acuerdo a la
información suministrada por los legisladores oficialistas, medicamentos de uso
difundido como el ibuprofeno acumula subas de hasta 42 por ciento en las
variedades comercializadas por el laboratorio Pfizer, mientras que el precio de
la betametasona (crema antihongos) comercializada por Andromaco registró alzas
del 51,6 por ciento. Por su parte, el antiespasmolítico y analgésico de uso
masivo denominado Serial compuesto vendido por Roemmers trepó 50,64 por ciento.
Mientras
que sindicatos, asociaciones de consumidores, pymes y gobernadores cuestionan
al Poder Ejecutivo por los aumentos de tarifas y la aceleración de precios que
impacta directamente sobre la rentabilidad empresaria y el poder adquisitivo de
los trabajadores, la denuncia de los legisladores oficialistas busca sumar a la
discusión a las prácticas abusivas de los grandes laboratorios.
“Estamos
decididos a utilizar todas las herramientas institucionales y legislativas para
lograr un profundo cambio en este sector, que mejore la competitividad y brinde
una oferta amplia y de calidad a precios razonables a los consumidores públicos
y privados”, argumentaron los legisladores al denunciar su descubrimiento de
una estructura productiva y comercial oligopólica en el sector farmacéutico.
Los controles en los precios de los medicamentos, las denuncias por aumentos
injustificados y las multas fueron una política permanente de la Secretaría de
Comercio a lo largo de los últimos años. Aunque los resultados buscados
-mantener los precios a raya- no siempre se lograron, el seguimiento estatal
fue permanente. Esa política fue parcialmente desactivada por Miguel Braun,
nuevo responsable del área dependiente del Ministerio de Producción.
“Hemos
de plantear una intensa agenda legislativa que avance hacia promover la
competencia e incorporar mayor racionalidad en la fijación de precios”,
lanzaron los parlamentarios de Cambiemos.
Por
su parte, Gines González García, ex ministro de Salud, advirtió que no será una
tarea sencilla:
"Los ejecutivos del
negocio farmacéutico son parte del Gobierno, así que no va a ser fácil".
González García añadió: "Todos los controles del Gobierno, durante mucho tiempo fallaron, fueron simplemente un artilugio para contener a la opinión pública cada vez que hubo un incremento". En ese marco, destacó la ley de genéricos, impulsada por él años atrás: "La política que mejor resultados dio fue la de genéricos, porque establece competencia en un mercado donde no hay competencia. No es que los medicamentos tengan precio, se los ponen. Lamentablemente esa política de genéricos no fue suficientemente utilizada por el Gobierno anterior tampoco".
Para el exministro "el acuerdo que hizo Ocaña con la industria desbarató mucho, porque el principal prescriptor de Argentina es PAMI". Y concluyó: "El Gobierno tiene la ley y tiene la conciencia ciudadana para obligar a que se cumpla" (la ley de genéricos).
González García añadió: "Todos los controles del Gobierno, durante mucho tiempo fallaron, fueron simplemente un artilugio para contener a la opinión pública cada vez que hubo un incremento". En ese marco, destacó la ley de genéricos, impulsada por él años atrás: "La política que mejor resultados dio fue la de genéricos, porque establece competencia en un mercado donde no hay competencia. No es que los medicamentos tengan precio, se los ponen. Lamentablemente esa política de genéricos no fue suficientemente utilizada por el Gobierno anterior tampoco".
Para el exministro "el acuerdo que hizo Ocaña con la industria desbarató mucho, porque el principal prescriptor de Argentina es PAMI". Y concluyó: "El Gobierno tiene la ley y tiene la conciencia ciudadana para obligar a que se cumpla" (la ley de genéricos).
Fragmentos
principalmente de Alfredo Zaiat, Pagina 12, tambièn Ambito
Financiero, inforegion,

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