sábado, 14 de mayo de 2016

DESMADRE ECONOMICO. DESPLOME DE CONSUMO

Articulos de M. Ramal. y  E. Mercatante

El naftazo dispuesto por el ministro Juan José Aranguren ha colocado al rojo vivo todas las contradicciones del “programa” económico. Aranguren subió los combustibles un 10% al día siguiente de que el Banco Central “ratificara” una inflación del 25% para este año. Incluso con una desaceleración -que está por verse-, es difícil que la inflación anual no supere el 45%. Aranguren, además, dejó la puerta abierta a nuevos naftazos, de acuerdo a lo que ocurra con el tipo de cambio y el precio del petróleo. Como lobbista liso y llano de los intereses petroleros,  el hombre anticipó la dolarización definitiva de los combustibles.  Pero el precio del petróleo está en alza, y el propio aumento de las naftas reavivó los reclamos cambiarios de la burguesía exportadora. La “patria sojera” denuncia que el aumento de sus costos  se ha devorado la baja de las retenciones (La Nación, 5/5). La UIA, por su parte, afirma que “la paridad entre el peso y el real es la de 1998-2001” (ídem, 24/4) -o sea, la que precedió a la megadevaluación de Duhalde. El naftazo acicatea la devaluación, pero una nueva devaluación provocaría otro naftazo. La tesis de un “reacomodamiento de precios” -y de una estabilización posterior- hace agua por todos lados. La inflación expresa el estallido de todas las contradicciones acumuladas, que están lejos de encontrar un equilibrio.
 
Bicicleta financiera y recesión
 
Pero una nueva devaluación le asestaría un golpe letal a la bicicleta financiera que el gobierno ha reforzado en torno de la deuda del Banco Central con la banca privada, y que alcanza los 40.000 millones de dólares. La renovación de estas Lebac, que se realiza a una tasa cercana al 38% anual, es la base de una rentable bicicleta, que explica el único ‘ingreso de capitales’ logrado por la administración Cambiemos hasta hoy. Los especuladores cambian dólares por pesos para colocarlos en Lebac, con la expectativa de volver a comprar divisas a un valor estable para dentro de seis meses.  Esta operación, que algunos califican como  “la renta más alta del planeta”, encarece el conjunto del crédito y ha agravado la recesión económica.  Es claro que esta bicicleta volaría por los aires en caso de una nueva devaluación.  Mientras una parte de los analistas asegura que “el atraso cambiario llegó para quedarse” (Cronista,  5/5), el agravamiento de la crisis brasileña acentúa los reclamos devaluatorios de la burguesía exportadora. Después de un 60% de derrumbe del peso, el déficit comercial con el exterior persiste, y sólo se redujo por la brusca contracción de las importaciones, como consecuencia de la menor actividad económica.  El consumo ha caído en los primeros meses del año, y el producto bruto retrocederá no menos del 2% en 2016. La “lluvia de inversiones” no existe, como lo revela el fiasco de los anuncios de Vale en Mendoza.
 
Déficit fiscal y endeudamiento
 
En este cuadro, una fracción del gabinete -y de la propia burguesía- plantea salir de la deuda explosiva del Central en base a un ajuste fiscal de características brutales.  Aunque el gobierno  paralizó por completo a la obra pública y despidió a trabajadores precarizados, sufre por otro lado una caída de los ingresos del fisco, como resultado de la baja de las retenciones y otros beneficios a los grupos capitalistas. Sólo para cubrir el déficit fiscal, el gobierno prevé una  emisión de deuda de 37.000 millones de dólares. Nuevamente, y como en los años del kirchnerismo, un aportante compulsivo a este financiamiento será la Anses, pero percibiendo la mitad del rendimiento que obtendrán los bancos que financiaron el pago a los fondos buitre. El fisco también quiere financiarse con parte de los ahorros que se encuentran en el “colchón”, que se ha reforzado bajo su mandato: 3.700 millones de dólares fueron atesorados en el primer trimestre, ¡y después de que el gobierno se endeudara en 5.000 millones para reforzar las reservas del Central! El derrumbe del crédito y del consumo privado delatan que el conjunto del ahorro nacional sostiene la refinanciación de la deuda pública, por un lado, o permanece atesorado, por el otro
La renta extraordinaria que perciben los especuladores es característica de los períodos previos a una declaración de quiebra.  Algunos anticipan que la deuda del Central con los bancos podría ser canjeada por títulos del Tesoro (una reedición del plan Bonex de 1990).  Pero esta medida compulsiva desacreditaría al “gobierno de los mercados”,  y sería el preámbulo de una crisis política.
 
Sin rumbo
 
A la luz de lo anterior, se comprende que la “dinámica del gabinete (haya) tomado la forma de todos contra todos” (Cronista, 6/5). La guerra del gabinete tiene su correlato en los enfrentamientos al interior de la clase capitalista.  El lobby automotriz, autopartista y una parte de la “patria contratista” reclaman contra el acero caro de Techint. Techint, por su parte,  culpa de sus costos a la devaluación del real, y-sin decirlo-se suma a las quejas del ‘atraso cambiario’.  Lo mismo ocurre con las “economías regionales” (Alto Valle). 
 
Esta guerra revela la incapacidad del Estado para hacerse cargo del conjunto de los rescates que reclama la clase capitalista. La pretensión de trasladar el costo de este rescate a la clase trabajadora deberá pasar la prueba de luchas de fondo y rebeliones populares, como se avizora en los episodios de Tierra del Fuego o Comodoro Rivadavia. Mucho antes de lo previsto, el gabinete de los CEO podría sufrir el destino que ellos mismos le han deparado a más de 150.000 trabajadores cesanteados.




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Un desplome del consumo que no sorprende a nadie


En una semana que se inició con anuncios de aumentos en el precio de los combustibles (de 10 %), casi al mismo tiempo que empezaron a llegar en la Ciudad de Buenos Aires las boletas con incrementos en el servicio de agua prestado por AySA, los indicadores que muestran un desplome del consumo son la consecuencia lógica del fuerte golpe que viene recibiendo el bolsillo del pueblo trabajador.
El primer día del mes de mayo, se conoció el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, que informó para abril una caída interanual del 6,6 % en las ventas de los comercios minoristas. En lo que va del año, el desplome llega a 4,8 % comparado con los primeros cuatro meses de 2015.
En el día de ayer se conoció que en la ciudad de Santa Fe el 80 % de los comercios registró caída en sus ventas durante el mes de abril, en relación al mes anterior. El informe, realizado por el Centro Comercial de la ciudad, señala que el 18,75 % de los comerciantes contó que vendió un 30% menos que en marzo, el 29,17 %, un 20 % menos, y el 31,25 un 10 % menos (en total suman el 79 % de los comercios). En la comparación interanual, respecto de abril de 2015, un 37,5 % de los comerciantes consideró que sus ventas cayeron hasta un 10 %, el 25 % manifestó una disminución de hasta el 20 % y un 9,40 % afirmó una reducción en sus ventas mayor al 30 % durante el último mes. Por si quedaran dudas, se señala que la “persistencia” del actual escenario que viene manifestándose desde hace varios meses.
Para más datos, se está registrando un significativo reemplazo de las marcas líderes por las segundas marcas, como ocurre siempre cuando la economía entra en un severo parate. Según la consultora CCR, las marcas propias de las cadenas de supermercados, que son más baratas, crecieron 20 % en el primer trimestre. Esto, en el marco de un desplome general de las ventas que según esta misma fuente fue para los supermercados del 2 % en igual período (el desplome se eleva a 4 % entre enero y abril).

Salarios “viejos”, precios cada vez más nuevos

La clave de la situación está marcada por un escenario donde al mismo tiempo que los incrementos de tarifas y el empuje a todos los precios motivado por la devaluación ocurrida desde diciembre, los ingresos de la mayor parte de los trabajadores están planchados. Las paritarias de numerosos sectores están empantanadas. Y en el caso de algunos de los aumentos negociados, ya quedaron viejos por el alza de precios. El Smata cerró una paritaria por seis meses con un aumento de 20 % semestral. Esto, cuando hasta el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires admite que entre enero y marzo los precios ya subieron 11,9 %, y abril marcha a ser uno de los meses de mayor incremento de precios desde 2002 según evaluaron varios consultores (salvo que alguna mano dibuje las estadísticas para ofrecer “alegría”). Y si consideramos que los precios habían acelerado su ritmo de aumento ya en noviembre y diciembre del año pasado, ese 20 % quedó viejo antes de arrancar. Incluso las paritarias que lograron mayores incrementos, como la de bancarios (33 %) quedan detrás de un ritmo de incremento de precios que supera hoy el 40 % anual.
Otra estimación conocida ayer, en este caso de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), sostiene que una familia tipo requería en la Ciudad de Buenos Aires un ingreso de 10.580 pesos para no caer en la pobreza, lo que implica un alza de 7,8 % contra marzo, y en el último año una suba de 41,5 %. Según los últimos datos disponibles del Indec sobre ingresos (del segundo trimestre de 2015, ya que el apagón estadístico implementado por Jorge Todesca desde que fue designado por Macri al frente del organismo alcanzó también a este relevamiento), casi 40 % de los hogares se encuentra por debajo de ese umbral en la ciudad.
Las “medidas sociales” que el gobierno viene presentando como paliativo al ajuste, y que son una miseria comparada con la sideral transferencia de recursos para los más ricos, apenas si reponen una pequeña parte del ataque a los ingresos generado por las medidas tomadas desde diciembre.
Este sombrío panorama, se completa con la guerra de números sobre los despidos, mientras se desarrolla en el Congreso la batalla por la ley “antidespidos” que Macri ya prometió que vetará en caso de que sea aprobada. Osvaldo Cornide, de la CAME, elevó ayer a 130 mil el número de despedidos.
En estas condiciones, no sorprende que el “teorema” de Juan José Aranguren (“Si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar”) no se limite a la nafta, sino que llegue a todos los terrenos del consumo.

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